Salmón marinado

Hola a todos, soy Iván, el otro cocinillas de este blog y llevo tanto tiempo sin venir por aquí que seguro que os habéis olvidado de mi. Pues ya os refresco yo la memoria, jejeje, no olvidéis que tengo recetas tan memorables como el tiramisú, la lasaña o la empanada de bonito.

La receta de hoy es muy sencilla, un salmón marinado con el que os váis a chupar los dedos. La receta nos la dió nuestro amigo Jako Vázquez, al que ya conoceís por las entradas del Forum Gastronómico y tiene el éxito garantizado.


Ingredientes:

Un centro de salmón.
1 kg de sal gruesa.
1 kg de azúcar.
Eneldo.
Ralladura de 1 lima.
Ralladura de 1 limón.
Ralladura de 1 naranja.

Elaboración.

Le pedimos al pescadero que nos abra el salmón a la mitad para que nos queden dos filetes, podemos usar la pieza entera o si es muy grande utilizar solamente los lomos o los centros.
Al llegar a casa le quitamos todas las espinas con unas pinzas y lo lavamos y secamos con papel absorvente.
En un recipiente grande mezclamos el azúcar con la sal.

Colocamos el salmón en una bandeja con la piel hacia abajo. Mezclamos las ralladuras de cítricos con el eneldo y las extendemos sobre la carne del salmón. Añadimos la mezcla de azúcar y sal cuidando que el pescado quede bien cubierto, tapamos con film y dejamos reposar en la nevera.



El tiempo de reposo irá en función del grosor de la pieza y de si lo queremos más o menos curado, nosotros lo dejamos 24h, que para nuestro gusto tiene el punto perfecto.

Una vez pasado el tiempo de reposo lavamos el salmón para retirarle los restos de la marinada, lo secamos bien y conservamos en el refrigerador en un recipiente hermético cubierto de aceite de oliva. Nos aguanta perfectamente unas 2 semanas. 


Podemos cortarlo en tacos y añadir a la ensalada, preparar un tartar o simplemente cortarlo en lonchas finas, colocarlo en unas tostadas y a disfrutar!

Aquí tenéis un par de ejemplos prácticos para sacarle partido a este salmón marinado.

Paté de salmón ahumado. 
Gigli con salmón y salsa de queso. 
Ensalada de melón (y salmón ahumado). 

Tarta invernal.

Esta tarta lleva mucho tiempo en frío (no podía evitar el juego de palabras, jeje) esperando a ser publicada, y con la temperatura ambiente que tenemos últimamente parece que ha llegado su momento. Es una de las recetas que podéis encontrar en el libro "La repostería de Jengibre y Canela".


Ingredientes para el bizcocho.

225 gr de mantequilla a temperatura ambiente.
360 gr de harina.
395 gr de azúcar.
4 huevos L.
250 ml de buttermilk.
3/4 de cucharadita de bicarbonato.
3/4 de cucharadita de levadura.
1 cucharadita de extracto de vainilla.

Ingredientes para el relleno y la cobertura.

100 gr de frambuesas
4 cucharadas de crema de cacao.
100 ml de nata.
240 gr de chocolate blanco.
50 gr de coco rallado.
Fondant de colores para decorar.


Elaboración.

Comenzamos preparando la ganache de chocolate blanco, es mejor prepararla el día anterior y dejarla reposar 24 horas en el frigorífico para que coja consistencia y sea más fácil trabajar con ella.

Cortamos el chocolate en trozos pequeños y lo reservamos. Calentamos la nata a fuego suave, cuando rompa a hervir la retiramos del fuego y añadimos el chocolate, volvemos a llevar al fuego al mínimo de calor y removemos constantemente con unas varillas hasta que se funda y se integre. Dejamos enfriar y guardamos en la nevera.

Precalentamos el horno a 170ºC.

Mezclamos la harina con el bicarbonato y la levadura, tamizamos todo junto y reservamos.
Batimos la mantequilla con el azúcar hasta que blanquee y añadimos los huevos de uno en uno, batiendo bien después de cada adicción.

Agregamos la harina y el buttermilk en tres veces: la mitad de la harina, mezclamos, añadimos el buttermilk y volvemos a integrar y terminamos con el resto de la harina.

Horneamos durante 65 minutos aproximadamente.

Esperamos a que el bizcocho esté frío y reposado para cortarlo a la mitad. Yo suelo preparar los bizcochos el día anterior para que la miga esté más asentada.

Calentamos unos segundos la crema de cacao en el microondas para que nos resulte más fácil de extender y con una espátula cubre el bizcocho teniendo cuidado de no llegar a los bordes. Colocamos las frambuesas y cubrimos con la siguiente capa de bizcocho.

Extendemos el ganache por todo el contorno de la tarta intentando que quede lo más lisa posible, cogemos puñaditos de coco rallado con la mano y vamos pegándolos sobre la cobertura de chocolate. Cuando toda la tarta esté cubierta esta tendrá un aspecto nevado.

Para los copos de nieve he utilizado  fondant azul y unos cortadores como éstos. Y lo pingüinos no son difíciles de hacer, solo hay que tener un poco de paciencia.

Lamentablemente no tengo foto del corte, pero os puedo asegurar que está deliciosa, el toque ácido de las frambuesas siempre es un buen aliado del chocolate, especialmente del chocolate blanco.

Galicia Calidade en Ruta.

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Por fin se acabaron las fiestas y retomamos la tranquilidad y la rutina. Esta entrada tenía pensado publicarla antes de las navidades pero entre el trabajo y la locura de esos días ha tenido que esperar su momento.

Estoy segura de que la mayoría de vosotros conocéis la marca Galicia Calidade, es un sello de calidad certificada que se utiliza para distinguir servicios y productos elaborados en Galicia, con materia prima de la comunidad o diseño gallego.  Pertenecen a este sello marcas tan conocidas como: Coren, Escurís, Estrella Galicia y muchas otras, hasta un total de 51 empresa y más de 300 productos certificados.
Dentro de las acciones de divulgación y promoción de la marca está Galicia Calidade en ruta, un roadshow  en el interior de un camión adaptado que desde el 28 de noviembre hasta el 13 diciembre recorrió diferentes ciudades gallegas acercando a los consumidores los productos del sector alimentario certificados por Galicia Calidade a través de showcookings, catas de vinos y degustaciones de productos.


Los días 12 y 13 de diciembre esta iniciativa llegó a A Coruña, para desarrollar cuatro acciones diferentes:

Esencial: degustación de bocados de galicia calidade elaborados por la chef Marian Rodríguez.

De viños Galicia Calidade, un maridaje de vinos amparados por el sello con otros productos como los jamones, embutidos o quesos, bajo la dirección del sumiller Luis Paadin.

Almorzos Galicia Calidade en los que se pone en valor el café, la importancia del agua y de la leche, y que se acompañan de kiwis y dulces certificados.

A lata de Galicia Calidade, un taller en el que se demuestra la versatilidad de las conservas para adaptarse a elaboraciones gastronómicas más sofisticadas impartido por el chef Iván Méndez.

Nosotros pudimos asistir el primer día, a la presentación a medios de comunicación y la cata de vinos.


Alfonso Cabaleiro, el director gerente de Galicia Calidade  destacó  como funciones fundamentales de este sello el ser la marca amparo del producto gallego y proporcionar un valor añadido a los mismos, así  vemos que Galicia Calidade es el mejor pasaporte de las empresas gallegas.


La chef Marian Rodríguez  explicó que el objetivo del aula de cocina es poner en valor los ingredientes y la cocina tradicional pero con un aire nuevo, más innovador.

En la acción de Esencial pudimos degustar productos del sello preparados por Marian  Rodríguez.

Pulpo salteado (Gallego Pereira) con cremoso de patata (Patata Conde) y grelo (A Rosaleira)

Sardina en conserva (Escurís) con cachelo (Patata Conde) en escabeche ligero.

Arroz meloso de almeja (Linamar) y zamburiña en salsa de vieira (Rianxeira)

Ya por la tarde tuvo lugar la la cata de vino  con Luis Paadín que resultó instructiva y divertida a partes iguales.
El sumiller nos habló de la tradición milenaria de la elaboración del vino en Galicia y la poca visibilidad del mismo, ya que Galicia no aparece como zona productora en los principales mapas vinícolas del mundo. Conocimos datos como que hay unas 60 variedades de uvas autóctonas y que ningún vino blanco fuera de Galicia tiene acidez natural; esa acidez que inunda toda la boca es una de las características distintivas de nuestros blancos y es debida a las especiales características del suelo y el clima.


Catamos 5 vinos, tres blancos y dos tintos.

Empezamos con un D.O Ribeiro: Val de Nairoa. Un vino con un 80% de uva Treixadura, de color amarillo pajizo y destellos verdosos. Sabor intenso y aromas elegantes y complejos ente los que destaca la fruta fresca como la manzana, el mango y la nectarina.

Seguimos con un D.O. Rías Baixas: Pazo de Villarei. 100% uva Albariño, límpido y brillante de color amarillo limón y aroma a fruta madura: piña, maracuyá y a flores.

Terminamos los blancos con un D.O. Valdeorras: Ruchel. 100% uva Godello, de color amarillo limón con destellos verdosos y aroma a frutas muy maduras y notas herbales.


Continuamos con un tinto D.O. Ribeira Sacra: Regina Viarum. 100% uva Mencía, de capa media alta, color rojo cereza con brillos morados y aromas intensos y complejos a frutos rojos y notas de tierra.

Terminamos con un tinto D.O. Monterrei: Gargalo Mencía. 65% uva Mencía , 35% Araúxa. De color rojo cereza y ribete violáceo de capa media. Intenso y fragante con aromas a frutas rojas.

Acompañando a los vinos pudimos degustar empanada gallega (Chousa) y tostas con jamón (Coren y Torre de Núñez) y los platos que preparó Marian Rodríguez.

Piruleta de mejillón en salsa de vieira (Rianxeira) con queso Arzúa-Ulloa y crujiente de maíz.

Arroz caldoso de jarrete de Ternera Galega guisado al Mencía (Regina Viarum) y grelos (A Rosaleira).

 Flan de licor café ( huevos Avícola Tratante, nata Président, Leche Feiraco) y crema de orujo (Kenza) con tarta de almendra de Santiago (Chousa, Ingapan)

 Fue una experiencia fantástica, una lección magistral sobre los vinos gallegos, totalmente recomendable. De todas las enseñanzas de Luis Paadín me quedo con su frase de que independientemente de nuestros gustos"un  vino es bueno cuando es fiel reflejo de su suelo".

Y si queréis conocer más sobre los vinos gallegos os recomiendo la Guía de Vinos, Destilados y bodegas de Galicia del propio Luis Paadín.

Galletas de Jengibre.

Después de unos cuantos años preparando estas galletas, creo ya era hora de que publicara la receta. Las galletas de jengibre son mis favoritas, el olor de la masa es delicioso y te inunda en cada paso: cuando preparas y estiras la masa, cuando horneas las galletas (ahí se extiende por toda la casa) y cuando las decoras ya es prácticamente imposible resistirse a comerte un par de ellas, jeje.


Ingredientes.

750 gr de harina.
250 gr de mantequilla a temperatura ambiente.
1 huevo L a temperatura ambiente.
220 gr de azúcar moreno.
145 gr de miel de caña.
2 cucharaditas de jengibre molido.
1 cucharadita de canela molida.
1 cucharadita de mezcla de pimientas.
1/2 cucharadita de bicarbonato.
1/2 cucharadita de sal.


Elaboración.

Mezclamos la harina con las especias, la sal y el bicarbonato y tamizamos todo junto.

Batimos la mantequilla con el azúcar hasta que se integre, añadimos la miel de caña y el huevo y volvemos a batir. Agregamos la harina poco a poco y sin dejar de amasar hasta conseguir una masa suave y que se despega de los dedos. La guardamos en el frigorífico.

Dejamos reposar la masa 4 ó 5 horas  para que endurezca y podamos cortar las galletas sin que se deformen.

Retiramos la masa de la nevera y le damos un par de pasadas con el rodillo, cortamos porciones de pasta y las vamos colocando en la bandeja de horno cubierta con papel de hornear. Dejamos un par de centímetros de separación entre las galletas porque al cocerlas crecen un poco.

Guardamos la bandeja en el frigorífico y las dejamos reposar unos 30 minutos, con este truco evitaremos que las galletas pierdan forma durante el horneado. 

Los recortes de masa los unimos, volvemos a estirarlos y de nuevo a la nevera antes de cortarlos.

Precalentamos el horno a 160ºC.

Horneamos durante 20 minutos aproximadamente en la parte media del horno, las galletas suelen estar listas cuando los bordes comienzan a dorarse. 
Dejamos reposar las galletas sobre la bandeja durante 5 minutos y después las pasamos a una rejilla para que enfríen.

Una vez que las galletas estén totalmente frías ya podemos jugar con nuestra imaginación y decorarlas.

Receta incluida en el libro "La repostería de Jengibre y Canela"


Un paseo por A Costa da Morte y la Taberna Mar de Fondo.

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Hace unos días nuestros amigos de Sevilla nos alegraron con una visita sorpresa. Ya conocen muchos lugares de Galicia,  de sus anteriores estancias pero todavía les quedaba pendiente de descubrir la zona de A Costa da Morte. Así que aprovechando un día bonito y despejado nos acercamos hasta Fisterra para que pudiesen ver el faro y el maravilloso horizonte que se contempla desde los acantilados.



A Costa da Morte es una zona maravillosa, repleta de pueblos marineros llenos de encanto, de leyendas, de playas inmensas, de abruptos acantilados,  de un mar infinito y de gente amable y cercana.





El cabo de Fisterra es el punto final del Camino de Santiago, siguiendo una tradición ancestral, pagana, de adoración al sol y anterior al culto al Apostol. Antiguamente, los peregrinos que llegaban hasta este lugar encendían hogueras para quemar sus botas o las ropas del camino,  remataban así la peregrinación con un ritual purificador que daba lugar a un nuevo comienzo.


Puerto de Fisterra.

Ancla del Carguero Cason, en  recuerdo del terrible accidente que tuvo lugar en 1987 y todavía presente en la memoria de los vecinos.

Seguimos camino hasta Laxe donde paramos para visitar a un amigo y a comer en la Taberna marisquería Mar de Fondo, un local pequeño pero con mucho encanto situado justo enfrente de la playa.




Podéis ver que el interior está lleno de detalles marineros, incluyendo fotos de las olas gigantescas que nos dejaron los temporales del invierno pasado.




Para comer nos fiamos de las sugerencias del personal y fue todo un acierto. Destaca sobre todo la calidad del producto, producto local  muy fresco y preparaciones sencillas para no enmascarar la materia prima.

Cortesía de la casa mientras esperábamos por la comida.

 Éramos cuatro personas y pedimos raciones para compartir y probar de todo.

 Sartén de almejas, con una salsa marinera muy simple y deliciosa.

 Navajas a la plancha.

 Pateiro, cangrejo de la familia de la centolla pero de tamaño más reducido.

Zamburiñas a la plancha, estaban tan deliciosas que tuvimos que pedir otra ración. 

 Croquetas de pescado.

Rape, a pesar de lo barroco de la presentación estaba muy bueno de sabor y perfecto de punto.

Entrecot de ternera gallega, tierno y sabroso, rojito en el interior aunque en las fotos no se aprecia.

Con refrescos, cervezas y dos cafés salió la cuenta a menos de 25€ por persona.

Un lugar totalmente recomendable, nosotros repetiremos.

Aquí os dejo unos enlaces con  más información sobre Fisterra y A Costa da Morte.

-Concello de Fisterra.

-Turgalicia.

- A Costa da Morte.

-En coche por a A Costa da Morte.

Gingersnaps.

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Una receta ideal para preparar en estas fechas tan cercanas a la Navidad en las que nos encontramos. La receta de estas galletas es del libro "Joy of cooking" de Irma S. Rombauer y Marion Rombauer Becker y me la pasó un compañero de trabajo antes del verano, pero he estado esperando a que hiciese un poco de frío para prepararlas porque, aunque están deliciosas durante todo el año, tengo asociados los dulces especiados al invierno y, sobre todo a la Navidad.

Se conservan bien durante dos semanas en una cajita de lata, y con un empaquetado cuidado tendréis un regalo ideal para repartir durante las fiestas, tienen el éxito asegurado.

Las medidas de esta receta están en tazas y cucharadas, yo he seguido el original pero si no tenéis tazas medidoras podéis utilizar un convertidor para pasarlas a gramos, éste de Blaukitchen me parece muy útil.



Ingredientes.

3/4 de taza de mantequilla a temperatura ambiente.
2 tazas de azúcar.
2 huevos batidos.
1/2 taza de melaza (usé miel de caña)
2 cucharaditas de vinagre.
3 y 3/4 de harina.
1 y 1/2 cucharadita de bicarbonato.
2 cucharaditas de jengibre en polvo
1/2 cucharadita de canela.
1/4 de cucharadita de nuez moscada (clavo en la receta original).



Elaboración.

Precalienta el horno a  160ºC.

Mezcla la harina con el bicarbonato y las especias y tamiza todo junto.
Bate la mantequilla con el azúcar, añade los huevos batidos, la miel de caña y el vinagre y sigue batiendo hasta que se integre. Añade la harina tamizada y mezcla todos los ingredientes con las manos o una cuchara de madera, la masa resultante es bastante pegajosa.
Enharina las manos y forma bolitas de masa, colócalas sobre una bandeja de horno engrasada y hornéalas durante 12 minutos aproximadamente. Mis bolitas eran demasiado grandes así que necesitaron algo más de tiempo de horneado, sobre unos 18 minutos.

El resultado son unas galletas deliciosas y que se preparan en un momento, no tenéis excusas para no probarlas.

Galletas pintadas, Pesadilla antes de Navidad.

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En este blog ya es habitual que la entrada de Halloween se publique con retraso, pero este año he superado mi propio record :(  ,aunque en mi descargo diré que las galletas estaban listas para la fecha, que las fotos sí las publiqué en facebook y que The Nightmare Before Christmas, tanto nos sirve para halloween como para navidad, jeje.

Hace tiempo que quería experimentar con las galletas pintadas, últimamente he visto galletas preciosas por la red decoradas con ésta técnica y cuando vi éste tutorial de Dolce Sentire me lancé a ello.


El tema lo tenía muy claro, siento verdadera pasión por el universo de Tim Burton y Pesadilla antes de Navidad es una de mis películas favoritas. Así que tras glasear las galletas, cogí rotuladores y pinceles y me puse a pintar. Los modelos los encontré en Pinterest, la mayoría son fan art de la película.

Jack Skellington y Sally.

El Rey esqueleto en su versión más lúgubre.

Jack y Zero.

Oogie Boogie, el hombre del saco en una primera versión.

Segunda versión, más oscura y con textura.

Otra con textura, Zero.

A partir de aquí ya me vine arriba, dejé el blanco y negro y me atreví con el color....

Sally.

El alcalde de la Ciudad de Halloween.

Lock, Shock y Barrel, creo que esta se me fue totalmente de las manos.

Bollitos rellenos de queso y pavo.

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Los bollitos que traigo hoy son una delicia, la receta la vi en el  Magazine de otoño de Recetas de Mon y fue amor a primera vista, claro que con esas fotos tan preciosas de Mon es difícil resistirse a sus recetas.
Estos bollos son perfectos para cualquier hora del día, tanto para un suculento desayuno como para la merienda o una cena ligera. La masa es muy suave y dulce, tipo brioche, nosotros además del queso le añadimos pechuga de pavo al relleno y con un zumo de naranja y un café con leche preparamos un delicioso y saludable desayuno.



Ingredientes.

500 gr de harina de fuerza.
25 gr de levadura de panadería.
250 ml de leche.
70 gr de mantequilla en pomada.
30 gr de azúcar.
1 huevo.
3 cucharadas soperas de miel.
1/2 cucharadita de sal.
queso tierno en lonchas.
pechuga de pavo en lonchas.
queso enmental rallado.
tomillo seco.

Elaboración.

Preparamos una esponja disolviendo la levadura con un poco de agua tibia y una pizca de azúcar, removemos y la dejamos reposar unos minutos.

En un bol amplio preparamos un volcán con la harina, añadimos el huevo, la leche y la esponja en el hueco del centro y mezclamos poco a poco. Agregamos el azúcar, la miel y la sal y seguimos mezclando. La mantequilla la incorporamos en dos tiempos, integrando bien la masa entre cada incorporación.
Pasamos la masa a una superficie enharinada y amasamos hasta que la masa no se pegue a las manos y tenga una consistencia flexible y sin grumos.
Le damos forma de bola, y la dejamos reposar  tapada y a temperatura ambiente unas dos horas o hasta que haya doblado su volumen.
*En nuestro caso queríamos tener los bollitos para desayunar así que preparé la masa el día anterior y la dejé reposando en la nevera toda la noche. Saqué la masa del frigorífico y la dejé atemperarse antes de dar forma a los bollitos.


Volvemos a amasar para quitar el aire y separamos la masa en porciones. Rellenamos cada porción con un trocito de queso tierno y otro de pechuga de pavo baja en sal (en nuestro caso de Campofrío) y le damos forma.
Pincelamos los panecillos con un poco de leche, espolvoreamos de queso rallado y tomillo y los dejamos reposar tapados unos 30 minutos.

Precalentamos el horno a 180ºC y horneamos unos 20 minutos.

Están deliciosos recién hechos, calentitos y con queso derretido.